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Mesa alternativas

Foto/Jaime Romero @romeruica

España es uno de los países del sur de Europa más castigado por la crisis. La cifra de desempleo alcanza ya los seis millones de desempleados y de paro juvenil… ¿Qué joven no piensa en su futuro fuera de España? En Grecia este escenario ha provocado una unión entre los partidos de izquierda que Syriza representa. Quizás sea este nuestro escenario más inmediato, quizás no…

El pasado lunes asistíamos en Sevilla a la mesa redonda, organizada por los blogueros de En campo abierto, sobre las alternativas de la izquierda a la crisis. Gaspar Llamazares, diputado en el Congreso,  Esteban de Manuel, coportavoz de Equo Andalucía  y Virginia Pérez, secretaria de política institucional del PSOE-A,  reunidos en la misma mesa para  hablar de soluciones. Tanto el diputado de Izquierda Unida como el candidato de Equo Andalucía ahondaron en algunas de las propuestas que recogen en sus programas. Coincidían en la necesidad de crear una banca pública. La parlamentaria andaluza se limitó a reconocer que la austeridad no va a contribuir a salir de la crisis. Una austeridad que aplican, eso sí.  Pero lo más llamativo de este encuentro fue el encuentro en sí, el hecho de ver reunidos a IU a EQUO y al PSOE en un mismo espacio como “la izquierda”. Nada más contradictorio, ya que el PSOE tiene una política económica liberal muy alejada de la izquierda, pero con tintes sociales.

Los tres coincidían en un pésimo diagnóstico: la pérdida de credibilidad de quienes representan la política institucional es grave. Sin embargo, la población civil es más activa que nunca y los ciudadanos quieren participar en la toma de decisiones. Ante este escenario cabría plantearse si es irreconciliable la relación entre los partidos políticos y la ciudadanía políticamente activa. ¿Qué escenario plantea una población civil activa en el espacio público descreída de los partidos políticos como cauce institucional? ¿Qué estrategia debe llevar a cabo la izquierda ante este presente?

Los partidos políticos que representan una izquierda transformadora, aquella que plantea cambiar la realidad que existe, que busca otros modelos de sociedad, no está hoy  en el espacio de debate. En el espacio público del encuentro, el debate y la participación está únicamente la población civil activa. La Red de Decrecimiento de Sevilla, las cooperativas financieras, la Democracia 4.0., éstas son herramientas que la propia ciudadanía ha creado no para sobrevivir al presente sino para transformar las relaciones entre población – territorio – poder.  Cómo asumen los partidos de izquierda estas herramientas y su puesta en común con los ciudadanos es ya indispensable si la izquierda quiere avanzar.

Sin embargo, es honesto reconocer que quienes participan en estas redes forman un número de ciudadanos menor que aquellos que tienen derecho a voto. Por ello,  desde las agrupaciones políticas institucionales, conseguir votos sigue siendo un objetivo prioritario. El ciudadano que sólo vota y no participa en el debate público, allí donde se tejen las alternativas, entiende la política como un objeto de consumo. No conoce su potencial transformador y se limita a depositar la papeleta en la urna como quien realiza una transacción. Si luego el producto no me convence, es defectuoso o me da problemas, reclamaré que me lo cambien por otro. ¿Para cuándo la mayoría de edad que se nos exige para poder votar? Los partidos de la izquierda transformadora no deberían conformarse con un alto número de votos si esto no va de la mano del trabajo codo a codo con la población civil por esa transformación. Es más, debería interpretarse como una derrota.

Un frente amplio de izquierdas es una apuesta por la que muchos votarían, pero si ese frente no tiene la intención de estar al lado de la población civil políticamente activa para transformar la realidad y buscar soluciones sostenibles a los problemas sociales, económicos y ambientales que atravesamos, fracasará.

La integración de esos partidos políticos minoritarios que quieren hacer otra política en el espacio público donde sólo se encuentran, como decía, las organizaciones sociales es un proyecto a largo plazo que no será fácil, primero porque problemas tan graves como el desempleo o la vivienda agudizan la desesperación de la población y segundo porque la ciudadanía activa desconfía de las intenciones electoralistas de las agrupaciones políticas. Caminar hacia ese objetivo debe ser el reto de estas agrupaciones.

Marina Agraz/ @MarinaAgraz   

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